lunes, 15 de junio de 2009

De cabeza al hoyo

Ejemplo de burro, vale, pero no ciego, que distingue perfectamente un cubo de una esfera.

Los filósofos John Locke y George Berkeley se preguntaron ambos si un ciego de nacimiento que recuperase la vista de golpe sabría distinguir, sin tocarlos, entre un cubo y una esfera. Tanto Locke como Berkeley, tras mucho darle vueltas, se respondieron que no, que eso era tan imposible como andar para atrás con chancletas.

Una vez más, fieles a los cárteles partitócratas, entre insultos y gurtelazos, casi un 45% del body electoral ha participado este 7 de junio en las elecciones europeas, demostrando que al poblador medio del Hispanistán le gusta más la raja de una urna que el chocho de una maniquí sueca.

De nada han servido nuestras advertencias de que ni el régimen español ni el europeo son democracias. De nada que hayamos denunciado que Zapatero es más malo que el que le pasó la navaja al ciego y le pidió que tocara la armónica. De nada, que los españoles anden de dinero más apretados que la chapa de un submarino sumergido en la sima de las Marianas. De nada que al sistema financiero mundial se le vea el culo, y ande más sucio que el de un manco. De nada que el mundo se quede sin referentes. De nada que el Estado no pare de meterle a bancos y cajas chutes con nuestro dinero, a pesar de que para la súper deuda de la Banca (1), los 80.000 millones de Zapatero sean como tratar de limpiarse el culo con un post-it. De nada que el tejido productivo español esté más quebrado que una galleta en el bolsillo de un borracho. De nada que el votante ande angustiado a la caza de dinero como un yonki buscando caballo, porque forma ya parte de la morosidad española que ronda el 10%. De nada que la decisión de la banda de la Kipá de imprimir dinero sin límite, que se evidencia en unas tasas de interés prácticamente nulas, no le afecte, porque él jamás verá ni un euro de crédito. De nada que todo apunte hacia ciertos cambios en el equilibrio mundial, con un valor del dólar que ya está en entredicho y que caerá estrepitosamente en los próximos meses. De nada que las grandes economías emergentes anden sustituyendo a su socio preferente, EEUU, por otro más solvente, más serio y más trabajador, como China, algo muy malo para el sistema de valores vigente. De nada que sepa, a pesar de su estulticia militante, que todas las grandes crisis históricas han acabado en una guerra mundial, que no es como esas guerras locales que siempre suceden lejos, ésas que ni se ganan ni se pierden, que duran muchos años estancadas, sin movimiento en las cuestionadas fronteras, porque eso pasa si en esas guerras no se persigue a la banca internacional (2); cuando se la persigue, entonces las guerras son crudelísimas, y las gana aquel bando al que ésta apoya y el que a ésta defiende, porque cuenta con recursos ilimitados.

Nada ha servido de nada. Después de una década de ceguera económica, la gente, endeudada hasta las cachas, liderada por un gobierno más inútil que un abanico de papel higiénico y constituido por una banda de peones al servicio del poder, ha acudido a las urnas el 7 de junio de modo imprevisto e incierto como pedrada en ojo tuerto. Parece ser que todo lo arriba antedicho le ha hecho recuperar la vista súbitamente, pero que no tiene claro aún si lo que ve es un cubo o una esfera.

MALDITO HIJO DE PERRA


NOTAS: (1) Este año el sistema financiero está capeando el temporal porque sólo han de provisionanr el 25% de la deuda impagada, y todo quedará en una restricción drástica de beneficios, ¡que de ahí salen las provisiones! El año pasado, el Santander (siempre la referencia) se permitió el lujo de declarar beneficios de 7.500 millones de euros a base de contabilizar en su activo las partidas resultantes de vender todo su patrimonio inmobiliario y de inscribir sus fondos a un valor aún especulativo. Pero el BCE ya les ha hecho tocar tierra, bajándoles la valoración de esos fondos un 30%, ¡Y ya no les queda nada que vender! Por si fuera poco, el año que viene les tocará provisionar el resto de la morosidad de este año además de la propia del 2010, que no va a ser poca. Y eso implica que el Santander, y todo el sistema financiero español tras él, entrará en brutales pérdidas.

(2) Las guerras actuales, después de la II Guerra Mundial, que fue la última en que la Banca Internacional fue perseguida (eso fue la persecución de los judíos, ése fue el verdadero Holocausto, y no el de las dudosas cámaras de gas), son entonces cuestión de resistencia, de desgaste, y se transforman en conflictos económicos que arruinan a los contendientes y dan grandes frutos a quien las financian, la misma Banca Internacional, gente no sometida al derecho particular de ninguna nación, sin a otro global y etéreo. La vida humana no vale nada para ellos.

Últimamente, las guerras ni se ganan ni se pierden, como Vietnam. Las guerras actuales, después de la II Guerra Mundial, que fue la última en que la Banca Internacional fue perseguida (eso fue la persecución de los judíos, el verdadero Holocausto, y no otra cosa), son entonces cuestión de resistencia, de desgaste, se transforman en conflictos económicos que arruinan a los contendientes y dan grandes frutos a los que las financian, la misma Banca Internacional, gente no sometida al derecho particular de ninguna nación, global y etéreo. La vida humana no vale nada para ellos. (Ni para ti tampoco, lector, que siempre has visto la muerte en la televisión y nunca te importó, mientras no te afectara ni a ti ni a tu familia).

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martes, 3 de marzo de 2009

Elecciones vascas

El llamado País Vasco español necesita, a estas horas, un Presidente, Jefe del Poder Ejecutivo. Como el País Vasco forma parte de España, tiene la mala suerte de tener un sistema electoral partitocrático en el que esa elección depende de una investidura del Parlamento, y no de los ciudadanos votantes. Depende de pasteleos, pactos, regalos, baile de cargos y comisiones. Por lo tanto, con esta composición parlamentaria:

Datos cortesía de El País, o sea, fiables como sostén de maricón

Lo más probable es que, saltándose todas las reglas de las supuestas ideologías partidarias, como más ablanda el dinero que palabras de caballero, a cambio de prebendas, gabelas y momios, pueda Patxi Lopetegi llegar a Lehendakari con el apoyo de los diputados del PP y de UPD, porque suman 38 entre todos, y eso es la mayoría absoluta, necesaria para salir elegido sin dar lugar a una segunda vuelta en el parlamento vasco, que haría Lehendakari a Ibarretxe por mayoría simple.

Eso será un fraude democrático, claro; porque, como vamos a demostrar, ni es lo que quiere el pueblo, ni es lo que votaría si, en una segunda vuelta electoral, volviera a las urnas vascas para, en circunscripción única, dirimir entre Juanjo Ibarretxe y Patxi Lopetegi quién de los dos iba a ser el Jefe del Poder Ejecutivo vasco. Ya sabéis de lo que hablo. Y si no, entrad en articulo99.org y os enteráis.

Pues preparaos, que vamos a hacer más cuentas que un rosario:

1ª Hipótesis: Todos los votantes del PSE votarían a Patxi, y todos los del PNV, a Juanjo.

2ª Hipótesis: Aunque ésta sea menos clara, todos los votantes del PP y de UPD votarían a Patxi, y todos los de Aralar, Eusko Alkartasuna, EBB a Juanjo.

Fijaos que les estoy reconociendo a los diputados electos una representatividad que no tienen, porque nadie sabe, en realidad, lo que piensan los votantes, lo que es el motivo por el cual hay que dejarlos votar directamente, y no usurparles ese derecho.

Pues bien: eso arroja un balance de 47,75% para Patxi y 52,25% de votos para Juanjo. O sea, que seguiría Ibarretxe de Lehendakari... Pero ¿no se nos olvida algo, o mejor dicho, alguien?

¡Ah, sí! Se nos han pasado los que no han votado a ninguna lista de partidos: un 34,12% de los vascos (y las vascas) con derecho a voto. Unos, porque son unos pasotas; otros porque no les gusta ninguna lista; otros porque les han anulado la suya y no pueden ir a votar -porque ese voto es, al parecer, un acto terrorista-; y otros, los menos, porque tienen más agallas que una dorada, y no votan porque esto no es una democracia ni nada que se le parezca... Dicho de otro modo, que de los electores con derecho a voto, en esta hipotética segunda vuelta, habrían votado en realidad -multiplicando por la participación-, el 31,45% a Patxi y el 34,42% a Juanjo. Y que falta por estimar lo que haría el 34,12% restante...

La pregunta básica es ¿qué harían los votantes del entorno abertzale si pudieran votar en segunda vuelta? No han votado a nadie en las legislativas, porque no les han dejado votar a los suyos; pero a esa buena y pacífica gente, quizá, sí que les gustaría poder elegir en segunda vuelta entre uno y otro candidato, dado que va a mangonear sus destinos durante los cuatro próximos años. ¿Qué menos que ese derecho?

Pues veréis. Según mi opinión, otro 10% de vascos con derecho a voto, como poco, votaría en segunda vuelta, y elegiría mayoritariamente a Ibarreche, porque más alimenta el pan casero que el que vende el panadero, y más vale vasco conocido que españolista por conocer. No hay más que ver los abucheos bajo cuya presión han votado Patxi y su esposa hoy... Y si el racista Spock ya habría ganado sin esos votos, con mucha más contundencia con ellos. Y seguiría de Lehendakari otra legislatura, y quizá eternamente, haciendo bueno ese dicho de que más dura una taza vieja que una nueva.

Lo mejor del sistema a doble vuelta es que, al menos en este caso, tanto el PSOE como el PP, se quedarían más corridos que gitanos en joyería -y probablemente se dieran cuenta de que no iban a ganar nunca jamás, con la composición social que tienen las provincias vascongadas-. Evidentemente, los partidos nacionales PP y PSOE se irían lloriqueando a Madrid y cambiarían la Constitución, porque juntos pueden cambiar lo que se les antoje, y acabarían con el régimen autonómico de un plumazo. Son así de demócratas, como ya han venido demostrando al ilegalizar partidos enteros y no permitir que sus votantes tuvieran representación, aunque fuera partitocrática; pero, al menos, mandando a tomar por culo el oneroso sistema autonómico español, harían por fin algo útil.

Por todo ello, resumo, dado que el sistema que tenemos está más desprestigiado que el Conde Don Julián, la elección de los presidentes en segunda vuelta electoral es un paso básico hacia la verdadera democracia. No el único, pero sí fundamental; y hay que persistir aunque conseguirlo nos resulte más difícil que pellizcar la luna de un escaparate. Mientras en España no tengamos libertad política para eso, como mínimo, no se puede votar en ningunas elecciones. El resultado de estas autonómicas lo demuestra, una vez más.

MALDITO HIJO DE PERRA

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jueves, 29 de enero de 2009

La mano que mece el escaño

El día 11 de enero, una nevada ¿imprevista?, dejaba tirados a más de 50 mil personas en uno de los aeropuertos más grandes de Europa: Barajas. Todos los políticos de la leal oposición se apresuraron a pedir la dimisión de la ministra de Fomento. Una serie de pasajeros cabreados –casi todos extranjeros- desfilaba por las pantallas de los telediarios criticando el caótico espectáculo que presentaba Barajas. Seguidamente aparecían las clásicas declaraciones de los políticos de uno y otro signo: los del Gobierno justificando las medidas adoptadas por el Ministerio de Fomento y los de la oposición pidiendo responsabilidades políticas y dimisiones.

Hoy se ha reunido en el Congreso la Comisión de Fomento para valorar y evaluar los acontecimientos de la nevada. ¿Qué pinta esa Comisión de Fomento y para qué sirve? ¿Dónde estaba esta Comisión en los días críticos de la nevada y el cierre del aeropuerto ? ¿Porqué esta Comisión no se personó en Barajas para tranquilizar a los pasajeros que llevaban dos días tirados en el suelo sin que nadie les diese una explicación de lo que estaba ocurriendo?.

Si los poderes Ejecutivo y Legislativo estuviesen separados, esta comparecencia de la ministra de Fomento en el Congreso y todas las que tienen lugar en caso de catástrofe –recuérdese la Comisión del accidente de Barajas del 20-8-2008- no se hubiese producido. La razón es bien simple: La ministra no se hubiese podido esconder tras el clásico y recurrido insulto a la oposición para tapar su propia incompetencia. La oposición no podría escudarse en el fácil expediente de pedir responsabilidades políticas -¿ha habido en este país algún responsable político?- y el Presidente del Gobierno tendría que explicar la gestión de la crisis a una ciudadanía cabreada a la que tendrá que pedir el voto. Comparecer ante los ciudadanos no es lo mismo que comparecer ante unos Diputados cuyo coche oficial y status depende del grado de fidelidad demostrada a la mano que mece el escaño. La simple reforma del artículo 99 de la Constitución acabaría con este impresentable teatro.

TONY DÍAZ

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miércoles, 28 de enero de 2009

Nuestro Manifiesto ha sido enviado a:

26 de enero de 2009 | Blog de Rosa Díez | Esperamos su respuesta.

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martes, 27 de enero de 2009

Partitocracia

Los acontecimientos relacionados con la Justicia, la huelga de los jueces, la falta de medios de los juzgados y las peleas entre Bermejo y el Poder Judicial no tiene por donde cogerlas. Nuestra imagen europea se deteriora cada día. Pero desde hace treinta años, cuando empezamos el camino de la democracia, además del deterioro de la Justicia, en España se ha mantenido una inseparación de poderes que nunca ha resultado demasiado evidente, la unión del ejecutivo y el legislativo.

La unión de estos dos poderes, aunque igual de dañina, resulta más sutil y menos evidente a los ojos del ciudadano medio. Entre carteles con eslóganes emotivos, y la cara de algún diputado desconocido, se ha mezclado desde las primeras elecciones el candidato a presidente. El personajillo de turno, elegido por su partido, que se postulaba como cabeza visible de su panda, a veces carismático, otras “un estratega nato”, pero siempre alguien salido de un grupo de oficinistas de partido.

Simplemente haz memoria:en las últimas elecciones todos vimos cómo se ofrecían datos sobre los escaños del parlamento, mientras Zapatero triunfante se asomaba a la muchedumbre que coreaba ¡presidente, presidente! Las elecciones al parlamento se tornaban presidenciales y ejecutivo y legislativo sellaban, para otros cuatro años, un pacto de confusión y de control del segundo por el primero a través de una oligárquica estructura de partido. Sin embargo, aunque seguro que más de uno aprecia tal aberración, la mayoría, haciendo honor al “cerebro cojonudo” del que hablaba Unamuno, se jactan de haber votado a un líder vencedor, mientras los seguidores del derrotado se concentran en la soledad del limbo opositor para preparar el próximo asalto. En lo que pocos han pensado es que, si no viven en Madrid, ni siquiera han votado a su líder.

Lo malo de este sistema, además de la corrupción que genera, es que nos deja a la altura del betún frente a nuestros vecinos europeos que, como debería suceder en nuestra democracia, tienen una segunda vuelta donde elegir directamente a su presidente. Así se permite, como en el caso francés, periodos de mayoría parlamentaria de derechas y gobierno de derecha, o viceversa, algo que, sin duda, dota de mayor representatividad a sus instituciones. Tenemos que seguir avanzando en el reto de ser europeos y la modificación del artículo 99 de la Constitución, permitiendo elegir separadamente al ejecutivo y al legislativo, es el siguiente paso.

SECRETARIO

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lunes, 26 de enero de 2009

Tengo una pregunta para usted, Señor Presidente

Si tuviese oportunidad y fuese uno de esos ciudadanos escogidos al azar para participar en el programa: “Tengo una pregunta para usted” , haría a José Luis Rodríguez Zapatero la siguiente pregunta : "¿Es usted el Presidente del Gobierno?" Estoy seguro que en el plató se oiría una sonora carcajada ante la infeliz preguntita, o con la preguntita del infeliz. Zapatero pondría gesto de perdonavidas y la misma carita que cuando Mister Bea, roció con disolvente la cara del cuadro de la madre de Whistler.

Nadie entendería la intención de la pregunta. Y nadie la entendería porque todo el mundo está convencido de que Zapatero es el Presidente del Gobierno. Todo el mundo sabe que el PSOE fue el partido más votado en las últimas elecciones y que Zapatero volvió a ganar a Rajoy. También saben los figurantes del plató –y si no lo saben se lo explicarán convenientemente- que Zapatero fue investido Presidente del Gobierno al obtener mayoría simple en segunda votación. Pero a nadie extrañará que el Presidente del Gobierno, que representa al Poder Ejecutivo, deba ser elegido en el Congreso, que forma parte del Poder Legislativo. A nadie extrañará que el Presidente del Gobierno sea investido contando únicamente con los votos de los diputados del PSOE. A nadie extrañará que el Presidente del Gobierno de España deba su cargo al partido que lo que ha incluido como candidato, y no al pueblo español. A nadie extrañará que el Presidente del Gobierno deba responder de su gestión ante el Congreso –es decir: ante sus subordinados del partido y no ante el pueblo español. ¿Qué clase de responsabilidad puede exigir un diputado que debe su cargo al partido, cuyo jefe es precisamente el Presidente del Gobierno?

Nada de eso causará extrañeza en el plató: lo que resultará esperpéntico y digno de una sonora carcajada del respetable es que a estas alturas venga un pardillo a preguntar si Zapatero es el Presidente del Gobierno. A la mañana siguiente todo el mundo hablará del ridículo que hizo el infeliz ante toda España, preguntando algo tan obvio. Tan obvio como que el café no cuesta ochenta céntimos.

TONY DÍAZ

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Gestionar el odio

Podrán adornarlo de tan bellas palabras como quieran: servicio público, expresión de la ciudadanía, instrumento de la convivencia, pero según lo entiendo yo el papel principal de los políticos es bien claro: gestionar el odio. Hablo de los políticos profesionales, de aquellos que se integran en la estructura de un partido, de los que hacen carrera en la moqueta, la subvención y el despacho. Sonríen y hacen la V de la victoria cuando resultan elegidos, y prometen para el electorado, “que nos ha otorgado su confianza”, un futuro prometedor donde las injusticias se vean superadas y reine la paz y la concordia. Ese es el discurso establecido. Y sin embargo…

En 1984, la novela de George Orwell donde se describe una sociedad totalitaria dirigida por El Partido, en la que los seres humanos son utilizados como simples piezas de un engranaje gigantesco, se nos habla de cómo, cada día, los pobladores de ese mundo asfixiante han de interrumpir sus tareas para concentrarse en “los dos minutos de odio”. Durante ciento veinte segundos, y bajo la mirada implacable del Gran Hermano, los habitantes de Oceanía se disponen frente a una pantalla y son bombardeados por imágenes de aquellos personajes calificados como traidores y de aquel país contra el que en ese momento se encuentren en guerra. A la vista de aquellos seres despreciables y aquellos paisajes repugnantes, los habitantes de Oceanía experimentan un odio cerval, una furia absoluta, prorrumpen en gritos y cierran los puños con rabia. Después de experimentar lo cual, cuando cesan las imágenes, se sienten confortados por vivir en la sociedad en la que viven, una sociedad enemiga de toda esa iniquidad.

Retornan entonces a sus obligaciones satisfechos y tranquilos.

Más que la represión directa o más que la propaganda, son sin duda esos dos minutos diarios de odio los que mantienen cohesionada a la sociedad de 1984.

En mi opinión, es ahí también donde más profundo y clarividente se muestra el escritor. Lo que más aterroriza de la novela de Orwell es precisamente esa manera en que el Estado ha conseguido apropiarse de uno de los sentimientos primigenios e instintivos del ser humano y el modo en que lo dispensa en calculadas dosis a favor de sus intereses. Seguramente pueda vivirse sin amor y sin ternura, piensa uno al leer estas páginas, pero cuando a un hombre le confiscan su rabia le han alienado por completo y ya no es sino una herramienta.

Cuando miro a mi alrededor, cada vez encuentro más parecidos con la novela de Orwell, y uno de los más llamativos es ese empleo del odio para moldear la sociedad. Aquí es imprescindible que aclare que no me estoy refiriendo a la bondad o maldad de los objetivos que se persiguen con esta administración del odio, sino que hablo del simple mecanismo, del proceso de su embotellamiento y etiquetado, no del contenido.

El hombre necesita odiar. Seguramente es consustancial a su ser. La vida de los seres humanos, en el común de los casos, es una continua frustración y precisa de otro ser humano, un pueblo, una bandera, algo, en lo que sublimar ese sentimiento hostil. La tarea de los políticos (o una de sus tareas, pero seguramente la primordial) es aglutinar y enfocar ese odio hacia un enemigo y, de tal manera, mantener unido al grupo. Y así mismo es su función sustituir a un enemigo por otro cuando los intereses o las circunstancias lo exijan. Fueron los infieles, los paganos, los izquierdistas, los comunistas y otros muchos grupos en otro tiempo los que catalizaron ese odio. Han sido en general los Estados Unidos y en concreto Bush (no digo, insisto, que sin total merecimiento) hasta hace unos días; hoy, que con el (supuesto) cambio de política la Casa Blanca se ha apartado del centro de la diana, en un tiempo sorprendente, en unos días, el odio generalizado se ha desplazado hacia Israel (repito, insisto, en lo del merecimiento y en que me limito a describir la mecánica).

Pero también es cierto que ese odio debe ser racionado. Dos minutos diarios, por ejemplo, y una semana al año no es mala medida. La tarea de los políticos es controlar, regular, gestionar ese odio de manera que no pueda exacerbarse demasiado, expandirse por la masa y escapar a todo control, como algunas veces en la Historia, cuando ha estado en manos de políticos sin experiencia, ha ocurrido. Conocer dónde está el borde del precipicio y llevar a la masa hasta ese punto sin que acabe por despeñarse. Las manos en las riendas porque en cualquier momento, quizás, haga falta hacerlo retroceder.

MIGUEL BAQUERO
Escritor

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