Una vez más, fieles a los cárteles partitócratas, entre insultos y gurtelazos, casi un 45% del body electoral ha participado este 7 de junio en las elecciones europeas, demostrando que al poblador medio del Hispanistán le gusta más la raja de una urna que el chocho de una maniquí sueca.
De nada han servido nuestras advertencias de que ni el régimen español ni el europeo son democracias. De nada que hayamos denunciado que Zapatero es más malo que el que le pasó la navaja al ciego y le pidió que tocara la armónica. De nada, que los españoles anden de dinero más apretados que la chapa de un submarino sumergido en la sima de las Marianas. De nada que al sistema financiero mundial se le vea el culo, y ande más sucio que el de un manco. De nada que el mundo se quede sin referentes. De nada que el Estado no pare de meterle a bancos y cajas chutes con nuestro dinero, a pesar de que para la súper deuda de la Banca (1), los 80.000 millones de Zapatero sean como tratar de limpiarse el culo con un post-it. De nada que el tejido productivo español esté más quebrado que una galleta en el bolsillo de un borracho. De nada que el votante ande angustiado a la caza de dinero como un yonki buscando caballo, porque forma ya parte de la morosidad española que ronda el 10%. De nada que la decisión de la banda de la Kipá de imprimir dinero sin límite, que se evidencia en unas tasas de interés prácticamente nulas, no le afecte, porque él jamás verá ni un euro de crédito. De nada que todo apunte hacia ciertos cambios en el equilibrio mundial, con un valor del dólar que ya está en entredicho y que caerá estrepitosamente en los próximos meses. De nada que las grandes economías emergentes anden sustituyendo a su socio preferente, EEUU, por otro más solvente, más serio y más trabajador, como China, algo muy malo para el sistema de valores vigente. De nada que sepa, a pesar de su estulticia militante, que todas las grandes crisis históricas han acabado en una guerra mundial, que no es como esas guerras locales que siempre suceden lejos, ésas que ni se ganan ni se pierden, que duran muchos años estancadas, sin movimiento en las cuestionadas fronteras, porque eso pasa si en esas guerras no se persigue a la banca internacional (2); cuando se la persigue, entonces las guerras son crudelísimas, y las gana aquel bando al que ésta apoya y el que a ésta defiende, porque cuenta con recursos ilimitados.
Nada ha servido de nada. Después de una década de ceguera económica, la gente, endeudada hasta las cachas, liderada por un gobierno más inútil que un abanico de papel higiénico y constituido por una banda de peones al servicio del poder, ha acudido a las urnas el 7 de junio de modo imprevisto e incierto como pedrada en ojo tuerto. Parece ser que todo lo arriba antedicho le ha hecho recuperar la vista súbitamente, pero que no tiene claro aún si lo que ve es un cubo o una esfera.
MALDITO HIJO DE PERRA
NOTAS: (1) Este año el sistema financiero está capeando el temporal porque sólo han de provisionanr el 25% de la deuda impagada, y todo quedará en una restricción drástica de beneficios, ¡que de ahí salen las provisiones! El año pasado, el Santander (siempre la referencia) se permitió el lujo de declarar beneficios de 7.500 millones de euros a base de contabilizar en su activo las partidas resultantes de vender todo su patrimonio inmobiliario y de inscribir sus fondos a un valor aún especulativo. Pero el BCE ya les ha hecho tocar tierra, bajándoles la valoración de esos fondos un 30%, ¡Y ya no les queda nada que vender! Por si fuera poco, el año que viene les tocará provisionar el resto de la morosidad de este año además de la propia del 2010, que no va a ser poca. Y eso implica que el Santander, y todo el sistema financiero español tras él, entrará en brutales pérdidas.
(2) Las guerras actuales, después de la II Guerra Mundial, que fue la última en que la Banca Internacional fue perseguida (eso fue la persecución de los judíos, ése fue el verdadero Holocausto, y no el de las dudosas cámaras de gas), son entonces cuestión de resistencia, de desgaste, y se transforman en conflictos económicos que arruinan a los contendientes y dan grandes frutos a quien las financian, la misma Banca Internacional, gente no sometida al derecho particular de ninguna nación, sin a otro global y etéreo. La vida humana no vale nada para ellos.
Últimamente, las guerras ni se ganan ni se pierden, como Vietnam. Las guerras actuales, después de la II Guerra Mundial, que fue la última en que la Banca Internacional fue perseguida (eso fue la persecución de los judíos, el verdadero Holocausto, y no otra cosa), son entonces cuestión de resistencia, de desgaste, se transforman en conflictos económicos que arruinan a los contendientes y dan grandes frutos a los que las financian, la misma Banca Internacional, gente no sometida al derecho particular de ninguna nación, global y etéreo. La vida humana no vale nada para ellos. (Ni para ti tampoco, lector, que siempre has visto la muerte en la televisión y nunca te importó, mientras no te afectara ni a ti ni a tu familia).









